JULIA HOLTER

Su debut largo, “Tragedy”, aparecido a finales de 2011 -en 2007 publicó el EP “Eating The Stars”-, es un trabajo que parece llegar de lejos, con voces que respiran a través de un collage de sonidos granulados y una atmósfera que no da tregua al oyente. En él se manifiesta que su autora siente curiosidad por lo gótico y también su gusto por filtrar su gancho pop a través de producciones vanguardistas, de esas que funcionan como las casas de espejos de los parques de atracciones. Dos argumentos que abundan en los últimos tiempos en el pop indie. Pero la diferencia es que “Tragedy”, a pesar de ser uno-de-esos-discos, es más que uno-de-esos-discos: su sonido es mucho más detallista, anda más atento a las necesidades de cada composición, se muestra más inteligente en el uso de la escala de grises, en su variedad. Más que acercarla a contemporáneos como Zola Jesus o Grouper (o incluso, por la importancia de la voz en su obra, a Julianna Barwick), casi habría que arrimarla a nombres del sello 4AD, entre clásicos y medievales, de mediados de los 80, o a féminas aventureras del calado de Laurie Anderson o Meredith Monk: aquella música arty dirigida hacia la tierra del misterio austero y asexual. En esa onda cercana a Laurie Anderson se mantiene el pop experimental de su segundo LP, “Ekstasis”, aparecido en marzo de 2013, que es llevada todavía a terrenos más ambiciosos en “Loud City Song”, su tercer larga duración, publicado en agosto. Inspirado en el libro “Colette” que en 1944 publicó Gigi, en los poemas de Frank O'Hara y en álbumes de Joni Mitchell, “Loud City Song” explora la relación de Holter con la ciudad de Los Ángeles, en la que ha sido grabado a finales del año pasado.

Sello: Domino
Distribuidora: PIAS
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