Ni Todd Rungren ni Stevie Wonder. El sueño de un purista del DIY (do it yourself: hazlo tú mismo) se llama Chad VanGaalen. El canadiense graba en su sótano, se construye un...
Seguir leyendoNi Todd Rungren ni Stevie Wonder. El sueño de un purista del DIY (do it yourself: hazlo tú mismo) se llama Chad VanGaalen. El canadiense graba en su sótano, se construye un montón de los instrumentos que toca, diseña sus portadas y realiza sus videoclips. Imagina que Broken Social Scene fueran un dúo o que Sufjan Stevens lo grabase todo él solo en su sótano con temblorosa voz de tenor... Así suena. Chad es pop fracturado y sin complejos, un Frankestein indie cuya ancha paleta de influencias va del freak folk al electro-pop alto en acidez. Sus canciones pueden ser dulces o anclar el mensaje en lo inevitable de la muerte, pero siempre suenan compactas y con un punto adhesivo. Hasta en sus momentos más accesibles da la sensación de vivir en un mundo propio. Buscarle equivalentes es difícil, pero las tendencias nos lo ponen fácil: Bon Iver, otro lobo estepario y una de las sensaciones del año pasado, sería su perfecto hermano gemelo. Solo que Chad aún va más allá de la autosuficiencia: vive empapado en ella, no es algo circunstancial ni coyuntural (como le ha ocurrido a Bon Iver). Ha publicado tres álbumes que le han convertido ya en músico de músicos y artista de culto, el tipo con quien todos quieren rozarse. El último, "Soft Airplane" (2008), el más compacto. Alabado por la crítica y aplaudido por la profesión. Ha llegado su momento.
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