Cita con la historia: “Live 1987” representa la edición oficial de dos cassettes que andaban fuera de circulación, las legendarias “Live Tapes”, que la banda vendía en sus conciertos...
Seguir leyendoCita con la historia: “Live 1987” representa la edición oficial de dos cassettes que andaban fuera de circulación, las legendarias “Live Tapes”, que la banda vendía en sus conciertos de la época y a través de su fanzine al final de los 80. Entre las rarezas que contienen se encuentran algunos bises, ese extra post-concierto que el grupo no ofrece desde hace 20 años. Se trata del primer disco en directo que publica la formación capitaneada por David Gedge y ahí están diez de las 14 canciones de su debut, “George Best”, y un libreto escrito por su primer batería, Shaun Charman, que era el archivero oficial del conjunto y se dedicaba a grabar las actuaciones.
Es un doble directo de sonido crudo. Escupe urgencia, al estilo de The Velvet Underground cuando se ponía a escupirla. A tono con esa acertada definición que alguien escribió sobre la banda de Leeds: intentaban reproducir el Muro de Sonido de Phil Spector con pocos medios (guitarras, bajo y batería) y menos dinero. Con riffs a toda pastilla que se miraban en el espíritu tintineante del momento –la llamada escena C86- pero de forma oblicua, con un lenguaje personal. Adaptando la amargura cínica inglesa al pop de las guitarras rápidas y los desengaños amorosos.
El disco capta el momento en el que la banda clavaba sus cimientos sobre el escenario. Cimientos que han permanecido como un elemento distintivo del pop inglés de aquella explosión de los 80 y, de una manera u otra, han influenciando y / o servido de consulta a prácticamente todos los grupos británicos de guitarras y letras sobre el desamor surgidos desde entonces (y también a algunos no británicos). Algo, lo de la influencia tan generalizada, que no se puede decir en igual medida y con la boca tan grande de contemporáneos suyos como Jesus And The Mary Chain o Housemartins.
“George Best” salió a la calle. Era noviembre del 87 y hacía dos meses de la ruptura de The Smiths, sus teóricos rivales en una Premier League del brit-pop. A finales de aquel año ya había colocado cuatro hits en las listas británicas; la banda de Morrissey, sólo uno. Se dice que fue el primer CD –entonces un formato nuevo- que el locutor John Peel pinchó en su programa. Todo esto pasaba cuando la era Reagan escribía su último capítulo, la de Thatcher andaba por el penúltimo, Bon Jovi reinaba en las ondas y Rick Astley aparecía con “Never Gonna Give You Up”. Hace 20 años.
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