La vida tiene la extraña costumbre de nunca comportarse exactamente como habíamos planeado; incluso cuando parece que lo va a hacer, lanza una bola curva para desequilibrar las cosas....
Seguir leyendoLa vida tiene la extraña costumbre de nunca comportarse exactamente como habíamos planeado; incluso cuando parece que lo va a hacer, lanza una bola curva para desequilibrar las cosas. Algunos lo llaman karma, otros lo llaman suerte. Después de una serie de años turbulentos al final de su adolescencia, 2004 catapultó a Micah P. Hinson. Pasó de ser un joven skater sin suerte a componer uno de los discos de debut recibidos con más entusiasmo de ese año, “Micah P. Hinson And The Gospel Of Progress” (que entró en numerosas listas de lo mejor de 2004, entre ellas las de “Uncut”, “The Independent” y “Time Out”). A partir de ahí, empezó a girar con Iron & Wine, The Earlies, Devendra Banhart, Smog y, más recientemente, ha sido invitado a un tour en el Reino Unido con KT Tunstall y Richard Hawley.
Las once canciones que forman “Micah P. Hinson And The Opera Circuit” son algo auténtico, verdadero. Documentan a un grupo de amigos pasando el rato en polvorientos atardeceres veraniegos mientras crean la música más bella y sincera. Este método de trabajo se ha traducido en un sonido realmente íntimo y cálido: el de esos esos grillos en la hierba durante el inicio de la nana de porche delantero “Seems Almost Imposible” (una intimidad “que se sienta en tus rodillas”, reminiscente del “The Texas Campfire Tapes” de Michelle Shocked), ese silbido en la balada de pradera “She Don’t Own Me” o el doloroso anhelo de “Drift Off To Sep” (donde Micah canta: “¿Cuándo tú duermes, qué ves, un millón de estrellas que deseas o sólo a mí?”). Por su parte, las canciones más contundentes del disco, con la banda a pleno rendimiento, como “Letter To Huntsville” y esa bestia épica titulada “You’re Only Lonely”, suenan como si salieran disparadas de una intensa jam session en un sótano. Aunque tal vez la cima del álbum sea “Don’t Leave Me Now”, la hermosa balada fúnebre que lo cierra conducida por un piano (en la que dice: “Descubrí la palabra divagar y me sentí como en casa”).
Aunque el álbum se ha construido con capas de instrumentación, entre ellas se ha filtrado un especial sentido del espacio que permite brillar a la agrietada pero cálida y estupenda voz de Micah, y también a su madura forma de escribir. Ambas se convierten en presencias muy reales. Debe tenerse en cuenta que este asombroso talento sólo tiene 24 años de edad. El nuevo trabajo es un poco más áspero en sus aristas y bordes que su predecesor, pero su corazón late con más fuerza y más honestidad. Eso nos conduce hasta el inicio de este escrito y al comentario sobre las bolas curvas de la vida. “Mirando hacia atrás, siento que ha sido algo especial. El que yo estuviese fuera de servicio físicamente y que estos amigos vinieran hasta aquí para crear esa música tan bella que no existía antes de su llegada...”. Tal vez, al final la vida no sea tan mala...
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